En Galizano, ese rincón de Ribamontán al Mar donde el campo y el mar se encuentran en paisajes de prados, rías y playas, late una historia que ya no se oye, pero que todavía puede sentirse si caminamos con atención. Una de esas historias está escrita en piedra y agua: el molino de mareas conocido como Molino de Romano, un testigo silencioso de cómo las personas han modelado este territorio durante siglos para convivir con la naturaleza y aprovechar sus recursos.
Un ingenio del pasado que habla del presente
Construido en torno al siglo XVIII, el molino aprovechaba la fuerza del agua para moler grano, utilizando un sistema ingenioso que captaba el agua del río en sus presas para liberar su energía al bajar la marea. Este tipo de ingenio fue muy habitual en las rías del litoral norte cantábrico, uniendo la economía rural y la actividad humana con los ciclos naturales del mar y las mareas.
Hoy, lamentablemente, sus muros están rotos y parte de su estructura corre riesgo de desaparecer, razón por la cual ha sido incorporado a la Lista Roja del Patrimonio, recordándonos tanto su valor histórico como la fragilidad de nuestro patrimonio.
Más que piedras: un lugar para reunirnos
Para Casa Vacas, el Molino de Romano es más que un conjunto arquitectónico en ruinas. Es un fragmento de historia que nos conecta con quienes habitaron esta tierra antes que nosotros: con las manos que decidieron construir sobre la ría; con las familias que vieron en ese molino una forma de vida; con los saberes técnicos que permitieron poner en marcha un ingenio capaz de convertir la energía del mar en alimento. Cada piedra del molino guarda memorias, y su preservación —o recuperación— constituye una oportunidad para que la comunidad se encuentre con su pasado y con su propio futuro.
Imaginamos este lugar como algo más que un vestigio: un espacio de encuentro para vecinos y visitantes, un punto donde reflexionar sobre cómo construimos territorio y cómo podemos cuidarlo juntos. La recuperación de lugares como el Molino de Romano no solo preserva un patrimonio material, sino que fortalece los vínculos entre personas y paisaje, entre generaciones y saberes acumulados.
Territorio, comunidades y cuidado compartido
Cuando pensamos en patrimonio, muchas veces lo imaginamos como piedra o madera, como una estructura estática. Pero el verdadero valor está en lo que significa para nosotros como comunidad. Este molino —y otros similares por toda la ría— nos recuerdan que el territorio no es solo un escenario: es un tejido vivo, tejido por las manos, las decisiones y las historias de quienes lo habitan.
En Casa Vacas creemos que recuperar estos espacios es también recuperar nuestra relación con lo que nos rodea: con la marisma, con el agua, con los saberes tradicionales y con las nuevas generaciones que pueden imaginar formas de vivir este territorio de manera sostenible y compartida.
Si quieres conocerlo de cerca y disfrutar de una visita interpretativa del Molino de Romano, no dudes en ponerte en contacto con nosotros al teléfono 633 464 879. 🌿
