En Carriazo, Ribamontán al Mar, hay un lugar que ya es parte del imaginario colectivo local: RockerBeer. Más que una fábrica de cerveza artesanal, es un auténtico templo de experiencias “rockambolescas”. Al frente del proyecto están Lipe —histórico hostelero, pionero en programar música americana en Los Picos de Liérganes y ahora maestro cervecero— y Raquel, su cómplice y compañera de batallas. Juntos forman un tándem con alma de Keith Richards y Mick Jagger, pero con una sensibilidad que huele a campo, cerveza y tractores. Gracias por crear esta bebida espiritual de los dioses.

Cada último miércoles de junio, a solo 10 minutos a pie del albergue Casa Vacas, este rincón se transforma en el epicentro de una romería musical que da la bienvenida al verano. El evento es ya tradición: el esperado concierto de Los Canotipos, banda local que no viene del garaje, sino del establo —porque lo del “garaje” ya está muy manido—. Este año, presentaron su segundo disco, Las Rockambolescas Aventuras del Tío Momia, manteniendo intacto el espíritu de su primer trabajo: guitarras afiladas cortesía de Juan Díaz-Terán, ritmos bailongos de Raúl Delgado, panderetas con sabor a fiesta gracias a Óscar, el bajo contundente de Javi Botanz y la voz desgarradora de Juan Díaz-Faes.

La tarde comenzó con cielos dudosos y algún trueno amenazante durante la prueba de sonido —ecos del chaparrón del año pasado—, pero el destino quiso que la noche se despejara para dar paso a un conciertazo redondo. Vecinos, vecinas y visitantes llenaron el prau —unas 700 personas— en una celebración colectiva de esas que se marcan en el calendario con ilusión. Para quienes vivimos aquí, es una cita que se planifica con antelación, una especie de concejo moderno donde en vez de reunirse bajo una encina, se hace al ritmo de pogos y coros improvisados.
¿El sonido? Impecable, con Helios Vega a los mandos. ¿La organización? De diez, salvo por un incidente anecdótico: uno de los cañeros se rompió, lo que obligó a algunos sedientos a buscar la cerveza directamente en el cañero del escenario —sí, porque aquí hasta los músicos tiran sus propias birras—. Así es la RockerBeer: auténtica, cercana y salvajemente divertida. Para el año próximo les pondría una iluminación bonica y levantaría un poquito el escenario.
Como siempre, hubo sorpresas: un gitano llamado Cachopo se marcó una soleá, Marcos Cao y Mario de Inocencio sacaron riffs al más puro estilo Bon Scott, las chicas interpretaron Bizcochito, tema súper divertido y buenrollista, para finalizar con Miguel del Isola que apareció convertido en una “mujercita” en minifalda. Porque en la RockerBeer, todo es posible.
Este concierto es más que música: es una celebración de quienes hacen comunidad en bares, gasolineras, playas y prados. De los que compartimos cafés en la gaso de Castanedo, rabas en El Cruce, pizzas en Isola, birras en la RockerBeer y noches en Casa Vacas. Para quienes vivimos en Ribamontán al Mar y seguimos mirando a la montaña sin quitarle el ojo al mar.
Larga vida a los pogos interminables, para que el año que viene volvamos a encontrarnos, para que no falte nadie y la vida nos siga sonando fuerte. Que sigamos celebrando el comienzo del verano bajo esos fuegos artificiales que estallan sobre nuestras cabezas como si fueran promesas … promesas de otra noche inolvidable, de más guitarras al rojo vivo, de más abrazos en medio del prau, de más cervezas compartidas y canciones coreadas sin vergüenza.
Porque si algo nos queda claro, es que mientras sigamos bailando juntos, el verano nunca se termina del todo.
